
El día 30 era nuestro último día de ruta. A pesar del cansancio acumulado, sentíamos mucha pena de que esto se acabara, de modo que teníamos que aprovechar al máximo este nuevo día y exprimir cada hora que nos quedaba en Nueva York. Hoy retomábamos parte de la ruta que no habíamos podido terminar debido a las lluvias, y aún así, volvían a dar para esta mañana. Seguramente los planes se verían alterados nuevamente si la lluvia hacía acto de presencia, como así fue.
A las 8:30 h nos esperaban un día más Sol y Bianca en el hall del Made Hotel, y allí estábamos todas, escandalosas y deseosas de continuar nuestra aventura neoyorkina.
Nuestra ruta nos dirigiría hoy hacia el sur, pasando por Tribeca y East Village en dirección a Tompkins Square Park. Pero hasta llegar allí, iríamos encontrándonos diferentes lugares donde fuimos realizando paradas memorables.
La primera sería aquí, bajando hasta la 2nd Avenue, en esta hermosa calle con sus colores otoñales neoyorkinos y ese edificio en la esquina de la E 10 St con Stuyvesant St. Esa mañana nos acompañó Julia Wool, la fotógrafa de la que os hablé en la entrada del día 28, la cual me captó con su Iphone haciendo estas fotografías.
Desde aquí, continuaríamos hacia la E 9 St, donde se encuentra el barrio ucraniano.
Desde la E 9 St llegaríamos hasta el Tompkins Square Park, donde pudimos disfrutar de una buena charla con Sol, en la cual se debatió sobre el mercado laboral en NY, los salarios, las condiciones laborales, lo que cuesta alquilar un apartamento....También participó Julia Wool en esta interesante conversación.
Un buen rato después, continuamos nuestro paseo por East Village, donde la arquitectura cambia y se hace más "rockera" y más "vintage".
Y parada obligada en el edificio Physical Graffiti Building.
El edificio de la foto está situado en 96 y 98 St. Mark's Place, justo en medio de Greenwich Village. Este es el edificio que aparece en la portada el disco de Led Zeppeling "Physical Graffiti ".
Y desde aquí hasta la 1st Av, hasta Ludlow St, a un lugar en el que nunca pensé que llegaría a estar. El famoso restaurante de una de mis películas favoritas "Cuando Harry encontró a Sally": Katz´s.
Fue absolutamente emocionante. Han pasado tantos años de esa película, y yo era tan pequeña. La he visto tantas veces, que nunca pensé que yo podría estar algún día ahí, en una mañana lluviosa en Nueva York, visitando el KATZ'S. Otro recuerdo maravilloso que me llevo.
Una mezcla de emociones y sentimientos se apoderaron de mi aquella mañana. El darme cuenta que, a veces, pocas cosas son imposibles. Ahí estaba yo. Quién lo diría.
Comenzaba a llover y hubo que apretar el paso. Se decidió volver al Made Hotel, y dejar tiempo libre hasta la hora de comer, donde nos juntaríamos todas para nuestra última comida juntas en nuestro restaurante de cabecera The Smith, en Broadway.
Así pues, nos dirigimos hacia el oeste por Stanton St hacia Prince St y bordeamos por Elizabeth St, donde pudimos observar, por fuera, el Elizabeth Street Garden.

En la esquina de Prince St con Broadway cogimos el metro que nos llevaría hasta el hotel. Aquí, el grupo se dispersó hasta la hora de la comida. El viaje se acababa y no tuvimos tiempo de hacer compras. Yo no quería irme de Nueva York sin llevar algún recuerdo, así que Natalia, Alicia y yo decidimos salir en busca de las famosas sudaderas de "I 💓NY", así como algún bonito adorno navideño de recuerdo. Nuestra primera parada sería en los famosos almacenes "Macy's". Llovía a cántaros y tuvimos que apretar el paso. Una vez dentro, lo cierto es que poca diferencia encontré con un Cortes Inglés español. Nos costó dar con la planta de adornos navideños, tuvimos que preguntar varias veces y subir por aquellas antiguas escaleras mecánicas de madera, hasta que por fin la encontramos. Dimos varias vueltas y después de mucho mirar y mirar, no encontramos nada especial que llamara nuestra atención, de modo que nos fuimos con las manos vacías.



Nos dirigimos entonces en búsqueda de las tiendas de souvenirs de I 💓NY. Visitamos varias, hasta que por fin Natalia y yo nos encontramos las sudaderas blancas que queríamos en la zona de niñas. También llevé una taza y una matrícula de NY con mi nombre. Qué le vamos a hacer, NY en sangre, me hubiera hasta tatuado si hubiera tenido tiempo!!!.
Una vez terminadas nuestras compras nos dirigimos otra vez al hotel. Allí descansamos un poco de cara a los acontecimientos de la tarde y de la noche que estaban por llegar. Comida con las chicas, noche de musical en Broadway y visita al encendido del árbol de navidad del Rockefeller Center. Ufff, para entonces ya no sentía las piernas del dolor acumulado en estos días, y ni imaginaba los kilómetros que aún nos quedaban por hacer ese día.
Llegamos a The Smith a la hora convenida, y allí disfrutamos de una agradable comida todas juntas, con Bianca, Sol y su amiga Juana. Comimos muchísimo y bien, pimientos del padrón nos pusieron de entrantes!!, y otra serie de exquisiteces que degustamos sin rechistar. Sobraron hasta tortitas de postre que nos llevamos para el desayuno del día siguiente.

La comida se alargó bastante, pero aún así nos dio tiempo de volver al hotel para cambiarnos. Nuestra próxima cita era otro sueño cumplido: Musical en Broadway: ¡¡¡Moulin Rouge!!!! Llegar hasta el Al Hirschfeld Theatre desde el Made Hotel nos llevó 30 minutos a paso ligero de Sol, unos 2 km según Google Maps. Y cuando llegamos...¡¡¡Qué emoción!!!! Fue alucinante. Todo, desde la llegada hasta el final me puso los pelos de punta. Me hizo pensar en muchas cosas a la vez, en las personas que me gustaría que estuvieran conmigo en ese momento viendo y experimentando lo mismo que yo... Intentaba alejar esos pensamientos para no entristecerme, y disfrutar al máximo de ese momento. Tomar fotos y vídeos y grabarlo todo en mi memoria, era lo único que podía hacer, además de disfrutarlo.







La experiencia sin duda alguna merece la pena. La calidad del espectáculo, la puesta en escena, el sonido y los actores son impresionantes. Hubo momentos en los que los pelos se me pusieron de punta y hasta la lagrimilla, que hasta ese momento no había aflorado en todo el viaje, salió en ese momento de la emoción.
Cantamos y bailamos Angie, Leticia y yo, que nos tocó juntas. Silbamos, gritamos, puafff, en definitiva, disfrutamos como locas del espectáculo, y a la salida, con la fiebre del musical, todas nos compramos el llavero de merchandising, con un pedazo de corazón rojo brillante que ahora llevo conmigo cada día, junto a mis llaves de casa.
Quedamos exhaustas de tanta emoción. Pero aún nos quedaba por hacer algo igual de emocionante. Era la última noche y esa tarde había tenido lugar el encendido del famoso árbol de navidad del Rockefeller Center, de modo que no queríamos irnos de Nueva York sin visitarlo por la noche en todo su esplendor. Las que aún teníamos fuerzas para ello nos juntamos y pusimos rumbo hacia allí. La pena de que este viaje se acababa nos invadía y queríamos seguir pateando las cales neoyorkinas, en mi caso a pesar del insufrible dolor de pies.
Llegar hasta allí supuso una nueva caminata. Otros 4,5 km entre la ida y la vuelta. Conforme llegábamos a Rockefeller Center la masa humana se iba concentrando. Las calles cortadas, numerosa policía, empujones, aplastamiento, todas agarradas de las manos para no perdernos y colándonos por todos los recovecos, moviendo vallas, esquivando policías, hasta que tuvimos la suerte de toparnos con una calle lateral casi vacía, junto al enorme árbol de navidad. No me lo podía creer. Allí estábamos nosotras, disfrutando casi solas de ese majestuoso espectáculo. Otra vez la emoción. En mi mente los sentimientos encontrados de sentir la suerte de estar allí, y el deseo de que otras personas también pudieran disfrutarlo.



Realmente mereció la pena la caminata, a pesar del cansancio. Todo mereció la pena en este viaje que llegaba a su fin. Ni cenar queríamos después de la comilona en The Smith, de modo que de vuelta al hotel paramos en un 7-Eleven para comprar cualquier cosa ligera para cenar. Fruta, yogures, cada una pilló aquello que aún podía entrarle en el cuerpo. Y allí, en la pequeña entrada-cafetería del Made Hotel cené la fruta y nos fuimos a dormir, a tratar de descansar algo, nuestra última noche en New York.
A mí me quedaba algo por hacer aún. Me lo había prometido. Tenía que darme el madrugón para ir a ver el amanecer al muelle. Era tardísimo y había que levantarse a eso de las 5:30 h de la mañana, pero me dije que tenía que hacerlo. Y menos mal que lo hice.
Pero eso os lo contaré en la próxima entrada, la última de este blog. Hasta el último día hubo emociones y momentos que recordaré siempre. Os espero.
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