#2. Día 25 de noviembre: Vuelo a NY, encuentros y cena en Broadway
El viernes 25 de noviembre comenzó por fin nuestra aventura. Cada una de las integrantes de las 13 "Solas" cogía su vuelo con destino Nueva York.
Sorprendentemente para mí, sólo dos chicas de las 13 éramos de Madrid, el resto procedía de diferentes puntos de la geografía española e incluso de fuera de nuestras fronteras, pero muchas coincidimos en los mismos vuelos.
En mi caso, volé con Iberia en el vuelo directo Madrid - Nueva York de las 12:30 h, con una duración de 8 horas y media, de tal manera que, con la diferencia horaria, la hora de llegada a NY son las 15:00 h. El coste del vuelo ida y vuelta en estas fechas, en clase turista óptima (con facturación a la ida y a la vuelta de una maleta, que finalmente no utilicé), y elección de asiento, rondó los 534 €. Hubo compañeras que consiguieron vuelos más baratos sin facturar o porque viajaban desde otros puntos como Barcelona, o con American Airlines. En cualquier caso, me pareció un chollo teniendo en cuenta que el coste del AVE Madrid -Sevilla o el Alvia Madrid - Cádiz se acerca peligrosamente a los 200 € (Un robo, pero esto es motivo de otro blog....).
Para este primer día elegí un atuendo cómodo y calentito. Tanto, que sudé como un pollo. Leggins y camiseta térmicos, y un jersey largo con cuello ancho. De calzado, mis nuevas botas de agua, que al no caber en la maleta las llevé puestas, y que durante el vuelo sustituí por unas zapatillas de casa, también nuevas, que llevaba en la mochila. Cómoda fui, pero las temperaturas en España, e incluso cuando llegué a NY, no eran tan frías, por lo que me sobró ropa.
En cuanto a la tarjeta de embarque, tuvo su dificultad ya que, en mi caso, no fue posible hacerlo online. Después de llamar a Iberia varias veces, conseguí averiguar que me tocaba pasar un control de seguridad aleatorio, que impide obtener la tarjeta de embarque online. Aunque en la web te indica que el motivo es que tu documentación debe ser inspeccionada in situ, lo que ocurre es que te llevan a un cuarto y te pasan las tiras detectoras de material explosivo por el equipaje, los zapatos, la ropa, la cintura y las manos. Un trámite que te hace perder tiempo y tener que abrir la maleta. Afortunadamente, me planté en el aeropuerto a las 8:30 h, para el vuelo que, como ya he contado, salía a las 12:30 h.
Pero dejando de lado los inconvenientes relatados, la emoción era tan grande que los encuentros con mis primeras compañeras suplieron estas cuestiones. La primera a la que conocí fue a Leticia, que procedía de Asturias, y luego a Ana, de Valencia, a Natalia, de Burgos, a Carmen, también de Valencia, y a Izaskun, de Bilbao.
El encuentro fue espectacular. Besos y abrazos como si te encontraras con familiares sin ver desde mucho tiempo atrás. Fotos. Y fotos que iban llegando de los encuentros en el Aeropuerto de Barcelona, y de las que viajaban desde fuera de España. Nerviosas e ilusionadas hablábamos deprisa y con risas incontroladas. !!No nos podíamos creer que en unas horas estuviéramos en Nueva York!!
Llegar hasta la puerta de embarque también tiene lo suyo. Hay que llegar hasta la terminal S de la T4, a través de un metro que hay dentro de la propia terminal, y que no conocíamos. Luego el control policial, en unas máquinas en las que se escanea tu pasaporte y te reconocen tu imagen facial. Estas máquinas también dan problemas y tienes que repetir la operación varias veces.
Y por fin, mientras atraviesas la terminal S de la T4 , llegas a la puerta de embarque donde nuevamente tienes que mostrar la documentación, y es allí desde donde me dirigieron al susodicho cuartillo a pasar el control de explosivos. La única pringada del grupo a la que le tocó...
Y después de todo este periplo, !!!!por fin en el avión!!!! Como era mi primer vuelo a Estados Unidos, nunca había viajado en un avión tan grande. !!Flipaba con todo!! Y, finalmente, despegamos y comencé a hacer fotos y vídeos de todo.
En este vuelo te sirven comida y merienda. La comida una hora después de despegar, y la merienda una hora antes de aterrizar. No está mal, y en mi caso, hasta me sobró.
Lo que más me llamó la atención es que entre estos dos acontecimientos, te obligan a dormir como a los niños pequeños. Y digo te obligan, porque me obligaron a bajar la persiana de la ventanilla y apagaron todas las luces, dejando el avión a oscuras durante todo el vuelo, mientras fuera lucía un sol radiante. !!!Yo quería mirar por la ventanilla todo el tiempo y no te dejan!!! Siendo esto así, no me quedó más remedio que sacar mis auriculares, mi antifaz y mi cojín para el cuello y echarme una buena siesta, hasta que me cansé y me puse a leer, con esa minúscula lucecita que es lo único que te dejan usar. Me leí la guía del viaje, una guía de NY que compré por 3€ de segunda mano, y parte del libro "Un año y tres meses", de Luis García Montero. Todo esto hasta que llegó la aproximación a NY, el encendido de luces y la merienda.
!!!!Por fin pude husmear por la ventanilla y empecé a divisar territorio americano!!! Conforme te acercas a NY las vistas son maravillosas. Comencé a grabar vídeos y a hacer fotos otra vez, y no podía dejar de emocionarme viendo esas largas playas, esas costas, esos entrantes de agua en tierra firme. Definitivamente, la entrada a NY es espectacular.
El aterrizaje por encima de unos casoplones estupendos tampoco estuvo mal. Pero la salida se vuelve a hacer terriblemente pesada. Del orden de 1 hora de pie en la cola para pasar el control policial de acceso a Estados Unidos. En esos momentos te sientes un poco borrego, como si fueras al matadero, sin ocasión de sentarse y esperando tu turno, en el que deseas que no suceda ningún imprevisto. En mi caso, las preguntas de rigor: ¿Cuánto tiempo vas a estar?¿Cuál es el motivo del viaje?¿Dónde te quedas?¿Viajas sola? Y luego las huellas dactilares, que con el sudor que corría por mis manos, aquella máquina no funcionaba. !!!Varios intentos hasta conseguirlo y, hecho!!! Wellcome to the USA!!!!!
Salir por fin a la calle y coger un taxi amarillo también era emocionante para nosotras. Todo lo era. Nos dividimos en dos taxis y al nuestro le dio por correr como un loco, así que al entusiasmo se sumó el acojonamiento, a ver si llegábamos sanas y salvas al hotel. Por el camino ya empezamos a ver puentes y rascacielos. Era todo alucinante. Y conforme llegábamos a Manhattan, donde se encontraba nuestro hotel, el Made Hotel, ya pudimos disfrutar de las primeras vistas de la ciudad.
La llegada al Made Hotel fue otro evento a celebrar. Ya habían llegado las otras chicas, y allí estaban Sol Aguirre y Bianca Porcar para recibirnos a todas. !!!!Dios mío!!!!, !!Qué ilusión!!, !!!Qué de abrazos!!!, !!!Qué de besos!!!. Son momentos de esos que recordarás siempre. La bienvenida y la asignación de números, para recontar en voz alta cuando el grupo pudiera dispersarse y que no se perdiera nadie.
Luego la despedida de Sol y Bianca hasta el día siguiente a las 9 h y la subida a la habitación. Mi compañera de habitación, Alicia, venía desde Edimburgo, donde trabaja. Allí descubrimos que en la habitación no disponíamos de armarios ni cajones para guardar nada, sólo una barra con perchas al aire para colgar alguna prenda. Así que nos tocó usar los banquitos para poner las cosas y el resto de la semana mantener la ropa en la maleta y todo medianamente recogido. El Made Hotel está bien, a pesar de esto. Las camas son grandes y cómodas y el baño también es grande y sin bidé. El hall es bonito y acogedor. Además, su ubicación es perfecta, en la calle 29, junto a Broadway (44 West 29th St).
Allí fuimos todas a cenar nuestra primera noche en Manhattan. Concretamente al The Smith (1150 Broadway, NYC), donde volveríamos en dos ocasiones más. Estábamos cenando en Broadway y yo aún no podía creerlo. Y estábamos todas juntas. Todo me parecía un sueño.
La cena estaba bien, aunque allí todo es bastante más caro, además de la propina obligatoria que debes marcar cuando pagas con tarjeta. Si lo haces en efectivo, tienes que ponerte a calcular. Para hacerte una idea, un plato de pasta 25 $, una ensalada entorno a los 17 $.
Cada una pidió lo suyo. Yo me decanté por una ensalada (HONEYCRISP APPLE + GOAT CHEESE (escarole, spiced pepitas, celery, apple cider vinaigrette, 17 $).
A la hora de pagar, hay que tener en cuenta que allí, cuando vas en grupo numeroso, lo máximo en lo que puedes dividir la cuenta es en 8. Ya sea con tarjeta o en efectivo, máximo 8 particiones. Por tanto, no te queda más remedio que pagar dos comidas en algunas ocasiones, y que tu compañera te haga un bizum o viceversa, o bien, darle el dinero en dólares a tu compañera, cosa que la mayoría de las veces no queríamos.
Una vez terminamos nos dirigimos al hotel. Es asombrosa la capacidad de orientación de mis compañeras. La primera noche ya sabían llegar al hotel y dónde estaba el sitio donde iríamos a desayunar la mañana siguiente. Entre mis capacidades, desde luego, no está el sentido de la orientación.
De camino al hotel divisamos el Empire State en la esquina de la 29. Primera imagen nocturna del Empire. !!!Y otra vez la emoción!!!
El día llegaba a su fin y tocaba descansar, tras haber preparado la ropa para el día siguiente. Sabíamos que el día 26, primero de ruta, era el más intenso, y que el tiempo sería agradable. Me decidí por unos leggins térmicos azules, camiseta térmica azul sin cuello y jersey de lana rosa con cenefas. Encima, me acompañaría todo el viaje mi súper nuevo abrigo rojo, bufanda de lana roja y mi boina roja. De calzado, unas nuevas botas de caminar antideslizantes, impermeables y con pelitos por dentro. Todo estaba preparado para nuestra primera ruta.
La prueba de compartir habitación tampoco se hizo tan extraña o incómoda para mí. Gracias a la habilidad de Bianca al asignar las parejas que compartirían habitación, todo fue de maravilla. Decidimos que yo me ducharía y lavaría el pelo por las noches, y ella por las mañanas, para no coincidir. Aunque el calor que pasé alguna noche me hizo tener que volver a la ducha por la mañana. Ciertamente, la calefacción sobra y el resto de días solo la pusimos un rato y luego la apagamos, porque de otra forma el calor era insoportable.
De cualquier modo, si lo tuyo no es compartir habitación, también tienes la opción de optar por una habitación individual, pero esto incrementa el coste final del paquete en casi 1000 €, por lo que me pareció que no merecía la pena esa inversión, y que debía vivir la experiencia al completo. A día de hoy no me arrepiento y me siento orgullosa de ello. Claro que todo fue fácil con Alicia y Bianca no se equivocó.
No recuerdo qué hora era cuando por fin cerré el ojo, alrededor de las 12 de la noche, pero sí que a las 4 de la mañana me desperté ya nerviosa, pensando en todo lo que vería al día siguiente. Afortunadamente, me pude volver a dormir hasta que sonó el despertador.
Un nuevo e interesante día estaba por delante, y una ciudad entera por descubrir.


















Cristil, quiero más!!!!
ResponderEliminarDeseando estoy de leer el próximo capítulo!! Me encantaaaaa❤️❤️❤️
Me ha encantado recordar esos momentos, Cristi. El encuentro, nuestra llegada a la habitación, la cena... Y el calor que pasamos la primera noche por no apagar la calefacción, jaja, sudamos y todo. Pero volvería a repetir con los ojos cerrados. Gracias por tu relato tan detallado, bonita.
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