#5. Día 28. Mañana Libre: Sesión de fotos en Brooklyn. Central Park. Ruta 3: Tarde: Washington Sq. West Village. Little Island. Chelsea Market. High Line. Times Square.




El día 28 estaba previsto como nuestro día libre. Ese día en el que queríamos ver todo aquello que no estaba contemplado en el programa del viaje. Había mil cosas que hacer y ver en Nueva York, pero las lluvias del día anterior impidieron terminar la ruta programada para ese día, por lo que Bianca y Sol nos propusieron continuar la ruta pendiente a las 14:30 h del día siguiente, 28 de noviembre. Esto supuso un cambio de planes, en lo que acabaría convirtiéndose en el día más largo, recorriendo cerca de 24 km a pie. Es la primera vez en mi vida que ando tanto en un solo día. Como nos dijo Bianca, este viaje es como un camino de Santiago, pero en Nueva York. Y ya lo creo que así es.

Nuestro día libre, de este modo, se reducía a la mañana, en la que Carmen, Angie y yo teníamos algo muy especial planificado. Una sesión de fotos con Julia Wool en Brooklyn, concretamente en Dumbo y en el Puente de Brooklyn. 

La idea surgió de Carmen, quien nos avisó, cuando aún estábamos con los preparativos del viaje, de la posibilidad de contratar esta sesión con Julia, fotógrafa española afincada en Nueva York y amiga de Sol y Bianca. La idea me pareció perfecta. Los que me conocen saben lo aficionada que soy a la fotografía, tanto a hacer fotos como a posar. Me parece un arte, como otros tantos que cultivo.  De modo que no tardé en ponerme en contacto con Julia y concertar la sesión para nuestro día libre. De repente, otras chicas también se animaron  y contactaron con ella, por lo que hubo que hacer encajes de bolillos para poder encajar todas las sesiones. Finalmente, Carmen y yo decidimos hacerlas juntas,  así además compartiríamos taxi hasta Brooklyn, ya que ambas éramos reticentes a ir hasta allí solas (aunque el viaje se llame "Sola en Nueva York..."). El único inconveniente para mí fue la hora, a las 7:30 am en Brooklyn. ¡¡Ay, madre!! ¡Menudo madrugón! ¡Con qué cara de sueño iba yo a salir en las fotos!. Pues ni con esas la ilusión se vio afectada. Era tal la intensidad de toda la experiencia que estaba viviendo, que el madrugón me importaba un pimiento. ¡¡No podía creerme que podría estar yo haciéndome una sesión de fotos en Brooklyn y que tendría esas maravillosas fotos de recuerdo para toda la vida!!

Así pues, cuando sonó el despertador me levanté intentando no despertar a mi compañera de habitación y comencé a maquillarme para ese gran acontecimiento. Esas fotos serían un "todo al rojo". No había podido arreglarme el pelo como yo quería, pues después de cargar desde Madrid hasta Nueva York con el aparato para hacer las ondas del pelo, resulta que las clavijas del enchufe eran más gruesas que los adaptadores  que compré (fallo mío de no comprobarlo antes), de modo que no hubo forma de ponerlo en marcha. La opción B fue lavar el pelo y dormir con trenzas, que moldearían mi pelo para el día siguiente. Y así fue.

Salí de la habitación sin desayunar. La noche anterior habíamos comprado algo en el 7 Eleven, pero no tuve tiempo ni manera de comerlo en la habitación. Habíamos quedado en el hall del hotel a las 6:30 h, donde nos esperaba un taxi amarillo para conducirnos hasta allí. Llegamos antes de tiempo y chispeaba un poco. ¡Menudo susto! Afortunadamente, solo fue un momento. Siempre recordaré el ruido al bajar del taxi. Es impresionante el ruido ensordecedor de los trenes pasando sobre el puente. La sensación al pasar por debajo y sentir los trenes por encima de tu cabeza es indescriptible. Uno, otro, otro.....

Buscamos una cafetería para hacer tiempo y allí encontramos una especie de tienda-súper donde compramos unos cafés, que no pude tomar. ¡Estaba malísimo y frío! Así que saqué el desayuno que había comprado la noche anterior (zumo de naranja y una magdalena enorme) y, allí mismo, en una mesa al fondo del local, desayunamos hasta que llegó la hora.

A las 7:30 h am llegó Julia. Besos y presentaciones. Ilusión y rápidamente, comenzamos con la sesión. La calle donde habíamos quedado es muy concurrida y todo el mundo va allí a hacerse "la foto". A esas horas ya había varios fotógrafos y sesiones de fotos concertadas y hasta una grabación de un spot publicitario. No obstante, haciendo turnos, pudimos conseguir la famosa foto bajo el Manhattan Bridge.


Esa mañana creo que fue uno de lo días que más frío pasé. También hacía viento y la cara se me estaba cortando, por lo que el maquillaje empieza a cuartearse y a notarse las "arruguillas", pero estaba tan feliz que nada impidió el resultado maravilloso de aquellas fotos. Sonreír con ganas y no para la foto fue lo mejor. Nunca he sido de sonreír en las fotos, porque tenía los dientes torcidos y además, no me gustaba forzar la sonrisa. Pero después de 3 años de invisaling y un blanqueamiento puedo presumir de dientes derechos y, además, cuando una está feliz, se nota en la cara.

Hicimos fotos en 3 localizaciones: bajo el Manhattan Bridge, Dumbo y Brooklyn Bridge. ¡¡Disfruté tanto!! Nos íbamos turnando Carmen y yo. Nuestra sesión duraba 3 horas, y luego le tocaría a Angie.

Estos fueron los resultados.









Solo puedo decir que me divertí muchísimo y que siempre recordaré este momento de una manera muy especial. Sensación de libertad. De hacer lo que te da la gana en una ciudad impresionante en la que lo único que has ido a hacer es desconectar y pasártelo bien. Un autorregalo. Un autocuidado. Estoy feliz por ello.

Por otro lado, como ya he comentado, hacer fotos es otra de mis pasiones, como lo es bailar flamenco (que también lo hice sobre el Brooklyn Bride, como podéis comprobar en la foto anterior). Por eso, en los turnos en los que me tocaba descansar, aproveché para tomar las mejores fotografías que pude del paisaje que estaba disfrutando en aquella fría mañana.












Una vez terminada la sesión, Carmen y yo teníamos planificado volver a Central Park, pues sólo lo vimos de pasada en la ruta 1 del día 26, de la que ya os hablé. No podía volver de Nueva York sin pasear por Central Park, saborearlo, tomar fotos. Así que nos fuimos las dos en el metro hasta allí. He de decir que gracias a la destreza y sentido de la orientación de Carmen llegamos sin problemas hasta Central Park, así como gracias a un amable señor al que preguntamos y nos ayudó, además, en español. Lo cierto es que en Nueva York muchísima gente habla español, por lo que, en general, no tuvimos demasiados problemas. Y digo "demasiados" porque alguno hubo. El acento americano no hay quien lo entienda. Justo unas semanas antes del viaje tuve ocasión de hacer un curso intensivo presencial de inglés de una semana, por motivos de trabajo, y pensaba que iba bien preparada, pero cuando llegas allí te das cuenta de que no entiendes absolutamente nada. ¡Menuda decepción! ¡Con lo contenta que terminé mi curso de inglés! 

En fin. El caso es que llegamos a Central Park, y cuál fue nuestra sorpresa que, con lo grande que es el famoso parque, nos encontramos a cuatro compañeras de viaje que también habían decidido volver a Central Park en el día libre. Sin duda alguna, casualidades increíbles.

Comenzamos nuestra ruta en dirección al Bow Bridge y a la Bethesda Fountain. Queríamos volver y poder ver tranquilas lo que el día 26 habíamos visto en maratón y ni siquiera habíamos podido pisar el Bow Bridge!. Ahora, más tranquilas, pudimos pasear, respirar, tomar fotos y disfrutarlo un poco más, aunque el cambio de planes del día libre nos obligaba otra vez a darnos prisa, pues debíamos estar a las 14:30 h en Washington Square, ya comidas. No había tiempo para distracciones.

Por el camino, que era largo, pude ir tomando fotografías de todo lo que me estaba maravillando. 




El Bow Bridge parece sacado de un cuento, y el entorno es realmente encantador. 

Otra aspecto que me gustó especialmente de Central Park es la inmensa hilera de bancos con sus placas conmemorativas. Sin duda alguna, en España deberían tomar nota de este detalle para que todo el mundo pueda sentarse a descansar en los parques y plazas sin tener que pelearse por un sitio en un banco. En este caso, pararse a leer las miles de placas es realmente conmovedor.  Hasta las ardillas disfrutan descansando en estos verdes bancos.




En Central Park hay mucho que ver y disfrutar. Esta entrada del blog no tendría fin si incluyera todas las fotos que tomé ese día. En realidad, todos los días tomé miles de fotos de sitios increíbles, pero esto es solo un resumen. Tendréis que descubrir vosotras y vosotros mismos, si os decidís a viajar a Nueva York, todas las maravillas de esta gran ciudad.

Recordaré siempre el lugar en el que Carmen y yo decimos comer. Un pequeño restaurante en medio de Central Park. Allí descansamos y tomamos un bocadillo riquísimo y un postre bastante contundente, (yogurt con frutos del bosque y frutos secos). Desde este apacible lugar retomamos nuestra marcha en dirección al punto de encuentro con el grupo, Washington Square nuevamente, el punto final de la ruta del día anterior.




He de decir que, en general, me encantan los parques, como El Retiro de Madrid, por lo que aquí disfruté muchísimo, aunque se me hizo corto. Me gusta disfrutar de las cosas con tranquilidad, calma y serenidad. Me he imaginado en este parque disfrutándolo sin prisas, volviendo más adelante, sentándome en uno de esos bancos con placas a leer o, simplemente, observar en silencio las maravillas que me rodean. Es otro de los motivos por lo que tendré que regresar a Nueva York.

Nuestra ruta continuó en dirección al metro, para llegar a las 14:30 h a Washington Square. Coger el metro las dos solas también era una aventura de la que me sentí orgullosa, pues este metro nada tiene que ver con el de Madrid. Aún así, conseguimos, gracias principalmente a la destreza de Carmen, llegar a nuestro destino a la hora señalada.





Allí, en Washington Square, junto a la Universidad de Nueva York, volvíamos a juntarnos las "13 solas" con Bianca y con Sol. No podía imaginar que, después de la mágica mañana que había disfrutado, la tarde aún albergaría grandes sorpresa y emociones. 

La ruta en grupo comenzó en dirección a West Village. Por el camino pudimos disfrutar de imágenes icónicas de Nueva York, con sus hermosas casas y esas puertas con escaleras que aún estaban adornadas con las calabazas de Halloween y, como no, las famosas escaleras de incendios sobre las fachadas de los edificios. Cruzamos la 6th Avenue hasta llegar al número 46 de Barrow St, donde nos detuvimos frente a la Greenwich House Music School, y continuamos en dirección a la 7th Avenue.




Una nueva sorpresa nos esperaba a la altura del número 16 de Grove St, tras cruzar la 7th Avenue. !!El edificio de la serie de TV Friends!! Nuevamente, Friends pasaba a formar parte de mi viaje a Nueva York. Aquí nos detuvimos para poder verlo y hacer fotografías.




Continuamos nuestro camino por West Village entre calles repletas de fachadas con escaleras exteriores contraincendios y puertas a cada cual más bonitas y acogedoras.














Por el camino nos topamos con un restaurante sevillano y con la embajada de Ucrania. Todo era maravilloso y estábamos eufóricas disfrutando de este singular paseo, en una tarde donde el sol lucía y la temperatura era bastante agradable. Hubo también ocasión para foto de grupo.


Avanzábamos poco a poco en dirección a Little Island, pero antes tendríamos la oportunidad de sorprendernos con otra dulce sorpresa.



¡Madre mía! No os podéis imaginar qué pasteles más ricos comimos en este lugar, "Magnolia Bakery".  Como para olvidar ese pastel de chocolate con plátano y ese otro de merengue con canela. Se me hace la boca agua solo de pensarlo....



Con el estómago lleno nos dirigimos hacia Hudson St, en busca de nuestro destino final, Little Island. El grupo siempre por delante, y yo siempre al final, tomando fotos rápidamente de todo aquello que me gustaba.


Y por fin, después de mucho caminar, la maravilla se abrió ante nuestros ojos. Caminamos por el Hudson River Greenway, disfrutando de un atardecer rojo y de un frío que empezaba a apretar a medida que el sol se iba escondiendo. Las vistas son impresionantes en este paseo junto al río Hudson.







Cuando parecía que nunca llegaríamos, este cartel nos indicaba el fin de nuestro destino. Little Island.


Y esta peculiar estructura arquitectónica es Little Island.




Desde lo más alto pudimos contemplar unas vistas majestuosas, indescriptibles, que siempre quedarán en mi memoria.






Pero no solo voy a recordar los paisajes que tanto me impactaron, sino también los momentos compartidos con las 13 solas + 2 (Bianca y Sol).  Nunca imaginé que sería así. De hecho, ni siquiera lo pensé cuando decidí apuntarme a este viaje. Simplemente, quería hacerlo, y no me paré a tratar de intuir qué podría pasar, como sería el grupo. Lo que sucedió fue que el grupo se unió desde el primer día. Todas hicimos piña. Ni una discusión, ni un mal rollo. Todo fue fácil, agradable, sencillamente mágico.





A estas alturas del día, desde las 6.30 h que salí del hotel, y después de todo lo que había visto y andado, pensaba que la cosa acabaría aquí. Pero no, quedaba tarde y noche para rato. 

Así pues, en nuestro camino de vuelta nos dirigimos hacia Chelsea Market. Aquí, directamente, me dediqué a grabar con el móvil, pues pasábamos deprisa y el miedo de perderte del grupo hacía que no tuviera tiempo apenas de pararme a hacer fotos. No obstante, alguna apareció en mi cámara.



Desde Chelsea Market nos dirigimos hacia de High Line. Ese paseo nocturno por este exclusivo y selecto barrio de Nueva York fue otro de los momentos que marcaron mi viaje. No sabría explicar lo que sentía paseando entre esos apartamentos acristalados de lujo, que por la noche se iluminan y que, debido a la ausencia de cortinas, permiten visualizar los interiores y su exquisita decoración.
Mi imaginación volvía a volar. Como en una película, me veía ahí dentro, viviendo una de esas vidas, aunque fuera por un corto periodo de tiempo. Poder estar al otro lado de esos cristales y mirar desde dentro hacia afuera, en una noche como aquella. Y supe que algún día volvería a ese lugar y que ese era un nuevo objetivo que me marcaba. ¡Horror, me dije! Este objetivo me va a salir un poco caro...
También pensé mucho en Ramiro, mi ex pareja. En ese preciso momento e instante, me imaginé que sólo con él podría compartir esa experiencia futura. Por alguna razón, estuvo muy presente. Siempre lo está, pero en este paseo nocturno, viendo los rascacielos, las luces, los apartamentos de lujo, estuvo más que nunca.







También recordaré la conversación con Bianca, paseando entre estos apartamentos de lujo, hablábamos del tamaño de nuestras cocinas, en comparación con lo que estábamos viendo. 

Hubo momento de parada en Hudson Yards y, en este punto, la ruta con Sol y Bianca llegaría a su fin. No estaba mal, habíamos recuperado con creces lo que no pudimos ver el día anterior a causa de las lluvias.


El cansancio y el dolor de pies no pudo impedir, a pesar de todo, que un grupo de intrépidas decidiéramos que el día no podía terminar aún. Pasaban los días y Times Square no estaba en los planes, por lo que aún algunas de nosotras decidimos poner rumbo a Times Square.
A esas alturas mi dolor de pies era tan grande que caminaba como una autómata. Un robot. Cargar con la mochila y la cámara desde las 6.30 am, y con los kilómetros que llevábamos recorridos, estaba acabando conmigo. Pero no podía dejar de ver Times Square de noche. Así que allí nos dirigimos. El espectáculo al llegar  hizo que mereciera la pena el esfuerzo. 

Times Square es impresionante. Luces de neón y anuncios publicitarios de todos los colores relumbran por todas partes. Es asombroso. 




Es un sitio muy concurrido donde tienes que llevar la mochila por delante, bien vigilada y andarte con cuidado. Además, en Times Square existen taquillas donde puedes adquirir tickets para los musicales de Broadway. Ese día, Cristina y Bea habían conseguido entradas para Moulin Rouge por un precio "razonable", unos 90 $. Poco a poco, todas nos fuimos animando y acabamos comprando entradas para el miércoles 30 para Mouling Rouge, por unos 100 $ con todas las tasas incluidas. ¡No me lo podía creer! ¡¡¡Vería un musical en Broadway!!! ¿Podía ser el día más perfecto, quitando el insufrible dolor de pies? Era imposible.

Una vez terminada nuestra excursión hasta Times Square, tocaba por fin volver al Made Hotel. Se decidió volver caminando y allí estaba yo, con esa sensación de "no siento las piernas", soñando con mi cama y poder descansar por fin. Por el camino, paramos a cenar en un local tipo self-service, similar al lugar donde comimos el día 26. Tienen cajas de diferentes tamaños que llenas de comida variada y pagas al peso. Estaba lleno de hombres de raza negra jugando a las cartas o a otros juegos similares, ya que tampoco quise escudriñar demasiado qué hacían allí tantos hombres reunidos en esa esquina del local. El caso es que cenamos bien, medio muertas, pero bien. De ahí, el último tramo, y por fin, el hotel. 

Recuerdo la ducha con agua caliente, no poder ni andar descalza por la habitación. Los pies hinchados y el masaje con crema Dove, que era lo único que tenía, para intentar calmar esa sensación de dolor. Dormir con un gran almohadón en los pies, para favorecer la circulación, pero en cualquier caso, feliz de las experiencias que habíamos vivido.

Sin duda alguna, creo que a día de hoy, este ha sido el día que más he andado en mi vida. Cerca de 24 km, y teniendo en cuenta que no estaba entrenada y aún convaleciente del esguince que sufrí en agosto, fue todo un reto.

Quedaban aún varios días por disfrutar de nuevas aventuras. pero ya no podía pensar. Cerré los ojos, y los abrí cuando sonó el despertador. El dolor de pies y el cansancio seguían ahí, no habían sido suficientes esas horas de descanso. Pero la ilusión por seguir descubriendo cosas nuevas continuaba estando intacta. Quería ver muchas cosas. Seguir disfrutando de esta maravillosa ciudad. Nada podría conmigo. Pero esa es otra historia que os contaré en la siguiente entrada: martes 29 de noviembre por Wall Street, paseo en ferry hasta Brooklyn, el barrio de los judíos ortodoxos....¡¡Os espero!!





Comentarios

  1. Que buena descripción y que bien lo explicas. Yo nunca he caminado 24km, creo que ni me he acercado a ese número, pero merece la pena por todas las vivencias de ese día. Aunque seguro hubiera acabado arrastrándome al hotel jajajja. Gracias por tus artículos y sigue explicando, que me encanta

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  2. Impresionante tu relato Cristina!! Me lo has hecho revivir de nuevo!! Piel de gallina tengo en estos momentos!! Quiero volver de nuevo con vosotras a esos días!!
    Gracias a ti no olvidaré los lugares en los que he estado!!! Eres genial❤️

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