El día 29 teníamos planificada nuestra ruta nº 4 con Sol y Bianca. Ese día, al igual que los dos anteriores, desayuné en la mini-cafetería del Made Hotel. Mientras algunas de las compañeras madrugaban para ir a ver el amanecer, yo arrastraba cansancio y apuraba al máximo el descanso. El amanecer tendría que esperar al último día. Allí, en la mini-cafetería, me pedía mi descafeinado, que cada día me sirvieron de manera diferente, ya que cada día había una persona distinta trabajando allí. El café descafeinado con leche no debe ser algo muy común en Nueva York, pues no había manera de hacerse entender cada mañana.
En cuanto a la vestimenta, en mi maleta cápsula solo viajaron leggins y camisetas térmicas, que combiné cada día con un jersey diferente. Ese día no daban lluvias, pero si una sensación térmica más fría que los días anteriores, así que me puse uno de los jerséis más gruesos que llevé.
A las 8.30 h ya estábamos todas preparadas en el hall del hotel, donde nos esperaban Sol y Bianca para iniciar nuestra ruta, que en esta mañana nos dirigiría hacia el Financial District. No sabía que ese día visitaríamos dos lugares que me causarían gran impresión: la zona cero y el barrio de los judíos ortodoxos. Ambos dejaron en mí un poso de enorme tristeza. Un contraste con todo lo vivido los días anteriores.
Comenzamos caminando unos 400 m en dirección a la parada de metro de la 28 St, desde nos desplazaríamos bajo tierra por la 7th Avenue hasta Varick St, y donde haríamos nuestra primera parada del día: ¡Ghostbusters Headquarters! Qué ilusión me hizo conocer el edificio de bomberos que fue escenario de la famosa película de los 80, "Cazafantasmas". Cómo no, fotos y emoción para comenzar con alegría nuestro día.
Desde este punto, nuestra ruta continuaría a pie hacia el sur por Hudson St para adentrarnos poco a poco en el "Financial District". Por el camino nos seguirían acompañando las edificaciones características de Nueva York con ladrillo rojo y escaleras exteriores contraincendios.
Un acontecimiento inesperado nos sorprendió en W Broadway. Eran las 10:00 am y se rodaba una película. Al parecer, eran actores conocidos, así que no dudé en inmortalizar el momento con mi teleobjetivo.
Después de nuestro momento "cinema" y de tratar de averiguar, sin éxito, quienes eran estos actores, nuestra ruta continuó hacia el sur hasta llegar a la esquina de W Broadway con Barclay St.
En mi mirada curiosa que todo lo ve, descubrí esta academia de danza, desconozco si estará operativa o no, pero para una bailarina como yo, aquello me hizo recordar una de mis pelis preferidas: "Flashdance".
Desde allí, continuamos nuestro camino pasando frente al "Federal Office Building".
Poco a poco nos íbamos adentrando en el corazón del distrito financiero de Nueva York, y aparecían los rascacielos ante nuestros ojos.
Hasta que nuestros pasos nos condujeron al
Oculus de Calatrava, que sirve de intercambiador o Hub del World Trade Center, en
Greenwich Street. Recuerdo la impresión que me causaron la grandeza de estas estructuras en medio de la ciudad.
En el mismo lugar, pero mirando hacia el otro lado, el contraste también es digno de mención.
Y justo enfrente del Oculus, nos encontramos con el imponente One World Trade Center, construido en la zona cero, tras los atentados del 11-S. Ahora entiendo que las torres de Madrid, construidas en la zona norte, encontraron su inspiración para el diseño en varios de los rascacielos de Nueva York.
Desde aquí, a pocos pasos, la zona cero. No creo que pueda trasmitir con palabras la sensación tan extraña e inquietante que experimenté ante ese inmenso espacio abierto, donde en su día se ubicaban las Torres Gemelas y donde fallecieron tantísimas personas aquel maldito 11-S. Se oye el silencio y el agua. Realmente me sobrecogió todo lo que vi y sentí en ese lugar y, he de decir, no obstante, que me pareció que se ha sabido rendir un digno homenaje a las víctimas y preservar este espacio con respeto.
El sonido del agua cayendo en cascada en los enormes cuadrados donde antes se ubicaban las torres, evoca a la madre naturaleza, el único consuelo a tanto dolor.
Con el corazón encogido continuamos nuestro paseo por Liberty St hacia Trinity Pl. Seguíamos encontrando rascacielos a cada paso.

hasta que por fin alcanzamos Trinity Church.
Aunque el acceso a la Trinity Church es gratuito, es necesario pasar un arco de seguridad donde debes quitártelo todo. Puesto que disponíamos de pocos minutos para poder realizar la visita, decidí que no me merecía la pena desmontar todo mi atuendo para 5 minutos (abrigo, bufanda, mochila, equipo fotográfico...), de tal manera que me dediqué a observarla por fuera y a utilizar mi teleobjetivo para captar todo aquello que pudiera del interior.
Desde aquí, nuestros pasos se dirigieron hacia Wall Street, donde nos topamos con el gran árbol de navidad. Me encanta la decoración navideña, así que encontrarme con árboles naturales de semejante tamaño, que no se ven en España, no deja de impresionarme y de llamar mi atención.
Y, por supuesto, nuestra ruta nos condujo, unos pocos metros más hacia adelante, con "The New York Stock Exchange", la bolsa de Nueva York.
Allí descubrí la escultura de la famosa "niña sin miedo", que representa un icono de valentía y reclama más presencia de mujeres en el centro financiero de Wall Street. Con la boca abierta me quedé al enterarme de que esta maravillosa escultura resulta "polémica" y hubo que reubicarla. Es decir, una niña mirando con valentía y sin miedo hacia el corazón de Wall Street asusta y resulta conflictiva. Esa es la sociedad hipócrita y machista en la que vivimos.
En fin... Sin embargo, "El Toro de Wall Street" parece no ofender a nadie y la tradición dice que hay que meter la cabeza bajo el culo del toro y tocarle los huevecillos para que te de suerte. Y lo más gracioso es que la gente hace cola para intentarlo. Sin palabras. Evidentemente, nosotras, que somos muy glamurosas, nos hicimos fotos con "la niña" pero no con "el toro". A este último ni acercarnos quisimos. Tanto es así, que la foto la tomé con el teleobjetivo, desde una distancia bien lejana.
He aquí el famoso culo del toro de Wall Street, que a nadie asusta ni resulta polémico.
Este toro se ubica en la plaza de Bowling Green Park, donde podemos encontrarnos también con el edificio "Bowling Green Offices".
Seguimos caminando desde aquí en dirección a "Battery Park", donde se ubica un punto de observación de la Estatua de la Libertad. Aunque ya tomé fotos de la Estatua de la Libertad desde el Puente de Brooklyn y desde Little Island con mi teleobjetivo, esta nueva parada me permitió obtener nuevas fotografías desde otros ángulos. Los barcos pesqueros ayudaron a sacar estas fotografías que me encantan. Ojo al tornado que se visualiza en la fotografía. Increíble.
Nuestra ruta continuaba en ferry desde donde navegaríamos hacia Brooklyn. Para ello, caminamos por el East River Greenway hasta llegar a Pier 11/Wall St, desde donde parte el ferry. Por el camino, pude disfrutar de las vistas y de imágenes como las siguiente. Helicópteros. Hay muchos helicópteros en Nueva York.
hasta que por fin llegamos hasta el punto de salida del ferry.
El paseo en ferry lo recordaré como otro momento especial del viaje. El cansancio se acumulaba y el descanso de la noche anterior no había sido suficiente para calmar el dolor de pies y piernas, y tampoco el sueño. Ya llevábamos bastantes kilómetros recorridos esa mañana y la visita a la zona cero me había dejado un sabor amargo. Así pues, todo junto, al montar en el ferry, se convirtió en un momento de descanso, relax y reflexión. Cada una se sentó en puntos diferentes del barco, casi todas en la parte interior y, algunas, en la superior, que es al aire libre. En mi caso opté por el interior y sola, junto a una ventana, detrás del grupo. Seguí haciendo fotografías, pero creo recordar que en algún momento cerré lo ojos y en otros dejé de hacer fotos y me dediqué a mirar por la ventana y a pensar en todo lo que había vivido hasta el momento.

Las ventanillas del ferry estaban bastante sucias, de modo que las fotografías que tomé no tienen la calidad suficiente, pero son un recuerdo fiel de lo que vi durante el trayecto hasta Brooklyn, que dura unos 20 minutos, y tiene varias paradas. Además, el día estaba bastante nublado, por lo que todo me ha llevado a querer mostrar estas fotografías en blanco y negro, como el contraste de lo que sentía y de lo que quedaba por experimentar.
El Empire State volvía, una vez más, a hacer acto de presencia. Qué imponente es. Y las fábricas junto al río, con sus chimeneas y ese humo blanco. Y los barcos. Todo era una imagen bucólica, digna de recuerdo.
Desembarcamos y pisamos tierra firme ya en Brooklyn. Desde este lado, Sol nos explicó que el edificio que se veía a lo lejos, blanco y aplanado era la Sede de la Naciones Unidas. No podía dejar de fotografiarla con mi teleobjetivo.
Desde aquí, comenzamos nuevamente a caminar adentrándonos en Brooklyn con destino al lugar donde almorzaríamos, bastante temprano para mi gusto. Normalmente, las comidas se hacían temprano ya que el sol se metía a las 16:30 h, por lo que el almuerzo debía de adelantarse, para aprovechar después la tarde. El lugar escogido por Bianca para el almuerzo fue "Juliette" (N 5th St esquina con Bedford Av).
Juliette es un bar agradable de ambiente retro y muy americano, donde pudimos degustar unas fabulosas hamburguesas con patatas, aunque muchas acabamos empachadas y no pudimos ni cenar.
Lo del aire retro lo digo por el baño, que estaba decorado con una exposición de cuadros de fotografías antiguas de niños comiendo o cocinando. Me llamó mucho la atención que esa maravilla estuviera escondida dentro del baño de las chicas. Debería estar fuera, para que todo el mundo lo viera y disfrutara de esas hermosas fotografías.
La comida se alargó bastante, y hubo tiempo de hablar de todo, hasta de las apps de citas ante la sorpresa de Marisa, que desconocía la existencia de "Adopta un tío". Cómo nos pudimos reir.
Una vez terminada la comida, fuimos caminamos por Bedford Av y más adelante por Driggs Av.
Fuimos bajando por Driggs Av, una buena caminata, que nos adentraría en Williamsburg y el barrio de los judíos ortodoxos. Pasamos bajo el Williamsburg Bride, y esos trenes elevados y el ruido que generan a su paso. Me recordó a días antes, bajo el Manhattan Brigde.
Junto al Williamsburg Bride se ubica el "Williamsburg Savings Bank", el cual estaba convencida que se trataba de una iglesia. Quizás lo fue en su momento, pero ahora, en su fachada se indica que se trata del banco de Williamsburg.
Conforme fuimos bajando empezamos a cruzarnos con los judíos ortodoxos. Bianca nos indicó que se consideraba una falta de respeto hacerles fotografías y me quedé con las ganas, porque lo que allí vi fue como viajar en el tiempo a una civilización de otra época.
Las tiendas eran antiguas. En las zapaterías solo se venden zapatos negros. Para hombres y mujeres. Me sorprendió que se vendieran zapatos de tacón, negros, por supuesto. Y tiendas de lámparas y adornos de cristal.
Los hombres con los abrigos largos negros hasta los tobillos, ropa negra y camisa blanca, sombrero de copa, barbas y tirabuzones.
Las mujeres, vestidas de negro, con faldas por debajo de la rodilla, medias de compresión con raya por detrás y zapatillas negras tipo bailarinas, pero sin diseño alguno. Pero lo peor es la cabeza. A las mujeres casadas se les rapa el pelo, pero para salir a la calle usan peluca y una cofia negra. Las pelucas son todas iguales, mismo corte de pelo y color. Pieles blancas. Y muchas son casi niñas, con bebés rapados.
Miradas ausentes, perdidas.
Una mujer joven meciendo a un niño sentada en un muro me dejó impresionada. Parecía todo un decorado de película. No parecía real.
Las niñas salían del colegio, todas con trenzas y uniforme. Nos miraban con sorpresa y cuchicheaban.
Y yo allí, maquillada, con mi abrigo rojo, bufanda roja y boina roja, rodeada de gente vestida de negro.
Aunque no hice fotografías de aquellas mujeres, sus miradas se me han quedado grabadas. Su pieles blancas. Esas pelucas. Quiero leer e investigar la historia y tradición de esta gente. ¿por qué les rapan las cabezas y luego salen con pelucas a la calle? Es probable que haga una entrada en este blog sobre esta historia.
Estas son las únicas fotografías que me atreví a sacar en este barrio.
Nos fuimos de allí impresionadas y dando gracias por la suerte que tenemos de haber nacido en España, de ser Europeas, pero muy impresionadas y tocadas emocionalmente.
Afortunadamente, nuestro camino prosiguió por unos lugares mucho más alegres. Nos dirigíamos hacia Brooklyn Heights, un barrio exclusivo con casitas maravillosas a orillas del East River. Para ello cogimos el metro en Flushing Av que nos bajaría hasta Smith St. Desde allí retomaríamos a pie nuestra ruta por Baltic St.
Una nueva sesión de fotos de puertas dio comienzo, pues a cada cual que veía me parecía más bonita que la anterior. Trataba de dejar atrás el sentimiento que había experimentado, soltar los escalofríos y disfrutar de la belleza de esas casitas que tanto me gustan y que disparan mi imaginación hacia un fututo imaginario.
¿Pueden ser más ideales estas puertas?
Sobre este muro tuvimos momento épico de súper vídeo grabado por Sol.
Nos encontrábamos en Baltic St esquina con Clinton St, y continuamos hacia Cobble Hill Park y Verandah Pl, haciendo parada en "Maman", una cafetería-tetería muy bonita pero donde me sirvieron un café descafeinado horrible que no había quien se lo tomara. No sé si fue la hamburguesa del almuerzo o este café el responsable de que me acostase esa noche sin cenar.
Desde aquí, continuamos a pie hacia Remsen St. Hasta los bloques de apartamentos son encantadores.
No sabía que lo mejor estaba por llegar.
Ante nuestros ojos apareció una visión nocturna de los rascacielos de Manhattan y del Puente de Brooklyn que me dejó extasiada.
Este paseo, junto al "Brooklyn Bridge Park Greenway" fue impresionante. Otro momento que recordaré especialmente de este viaje. La inmensidad de los rascacielos iluminados por la noche , el Puente de Brooklyn iluminado. Fue increíble. Espectacular. Ojalá hubiera tenido tiempo y un trípode para hacer unas fotos nocturnas impresionantes. Pero no pudo ser. Me quedaba rezagada del grupo y tenía que salir corriendo para no perderme cada vez que me paraba a hacer fotos. Así que de esta parte nocturna de la ruta no puedo presumir de fotos propias, pero si de las que amablemente han compartido Bianca y Sol con nosotras, así como algunos mini vídeos.


Desde aquí continuamos hacía el puente de Brooklyn y Dumbo. Yo ya lo había visto y disfrutado el día 28, durante mi sesión de fotos con Julia, de la que ya os hablé, y a pleno sol. De modo que tener la oportunidad de volver de noche fue un gustazo. Tener la visión nocturna y la diurna ha sido toda una suerte, ya que puedo decir que he cruzado el Brooklyn Bridge y Dumbo dos veces, y con distintos colores e iluminaciones. Maravilloso.
Continuamos por Everit St y Old Funton St en dirección al Brooklyn Bride. Qué emocionante fue atravesar de noche el puente. Hubo bailes, risas, fotos e imágenes imborrables. Sentimientos. Pensamientos. Recuerdos...todo esto y más conforme avanzábamos.
El día llegaba a su fin. Estábamos agotadas. Atravesamos el Puente de Brooklyn y de allí al metro, desde la parada de Brooklyn Bridge-City Hall hasta la 28St, para volver al Made Hotel. Muchas teníamos el estómago revuelto y estábamos tan cansadas que nos fuimos a dormir sin cenar.
Llegar al hotel, darse una ducha caliente, ponerse el pijama y meterse en la cama eran placeres que adquirían una dimensión excepcional en aquel momento. Mañana sería nuestro ultimo día de ruta con Sol y Bianca y me daba pena comprobar que aquello llegaba a su fin. No quería que se acabara, quería seguir disfrutando de aquella extraordinaria ciudad. De la experiencia con las compañeras de viaje, con el grupo que se había formado. Pero las fuerzas flaqueaban y los ojos se cerraron.
Mañana sería otro día. Otro día maravilloso.
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