#8. Día 1 de diciembre 2022. Amanecer en el muelle. Bagles para desayunar. Despedida. Comida y compras en el airport. Vuelo y llegada a España.
El día 1 de diciembre mi aventura neoyorkina llegaba a su fin. El vuelo salía a las 17:00 h de regreso a Madrid, de modo que aún había algo de tiempo para alguna emoción más. Durante todo el viaje fui retrasando la visita al muelle al amanecer porque acababa reventada y darme ese madrugón, sabiendo lo que nos quedaba por delante, me echaba para atrás. Pero hoy era el último día, y había que hacerlo. Nos levantamos bien temprano, Alicia y yo, así como el resto de las chicas que se animaron también a venir. Sin desayunar y bien abrigadas salimos en dirección al muelle. Para ello, una pequeña caminata de despedida. 2 kms en 24 minutos separaban el Made Hotel del muelle, en el East 34th Street. Bajamos por la E 29th St hasta la confluencia con la 1st Ave, por donde caminaríamos en dirección hacia el East 34th St, y un poco más allá.
Sin duda alguna el madrugón y esta última caminata matutina a paso ligero merecieron la pena. Este amanecer no creo que pueda olvidarlo. La belleza del sol naciente, naranja, sobre el río Este, tras los rascacielos del otro lado, reflejándose en el agua...y el silencio de la mañana. Fue un momento muy especial, que me dediqué cómo no a fotografiar, a respirar y a sentir.
Volver a ver las fotos es volver a sentir lo que viví allí. Con estas vistas era fácil obtener unas fotos tan bonitas. También hubo ocasión para hacernos unas últimas fotos juntas.
Y con el objetivo cumplido y el corazón lleno emprendimos el camino de regreso, a degustar los famosos bagles neoyorkinos en Midtown South. Fue una pena haberlos disfrutado sólo el último día, porque estaban buenísimos. El mío de tortilla con aguacates y no sé que más que estaba para chuparse los dedos, con zumo de naranja natural. Allí coincidimos con el resto de compañeras que no habían venido a ver el amanecer, y desayunamos todas juntas. También, algunas escribimos las dedicatorias para Sol y Bianca en unas preciosas libretas que compró Marisa, pues el resto ya lo habían hecho.
Una vez terminamos nuestro desayuno nos dirigimos al Made Hotel para la despedida con Sol y Bianca. ¡¡¡Ayyy!!! cuántos lloros, besos y abrazos. Ese fue el día en que la lagrima se me soltó del todo. Creo que no era consciente de la increíble experiencia que había vivido. Y me daba mucha pena que se acabara. La entrega de las libretas a Sol y Bianca fue un momento muy emotivo. Las lágrimas saltadas en sus ojos. La emoción a raudales. Fue muy bonito.
Bianca nos sorprendió también con un último regalo. Un brazalete bañado en oro con un mantra para cada una, entregados al azar. El mío decía: "Live in the moment", que es justo lo que estaba y estoy haciendo desde entonces. Fue verdaderamente entrañable. Y no me lo he quitado desde entonces.
La despedida fue dura, difícil. ¡¡¡Qué tristeza separarnos!!!.
Las que teníamos el vuelo a las 17:00 h teníamos que hacer la maleta y salir pronto para el aeropuerto, así que subir a la habitación y comenzar a recoger todo lo que había ido desperdigando por la falta de armarios fue bastante penoso. Hacer que entrara todo de nuevo en la maleta cápsula costó lo suyo. Pero entró. Me despedí con tristeza de la habitación y bajé al hall a pedir el taxi. Algunas se habían ido a hacer las últimas compras. Otras estaban allí. Algunas cogíamos el mismo vuelo y nos pusimos de acuerdo para irnos juntas en el taxi. Por un lado Marisa y Ana, y por otro lado Isa, Leti y yo.
El trayecto en el taxi mirando por la ventanilla fue de película. Necesitaba música como banda sonora.
También me fue entrando sueño y hubo un momento en que cerré los ojos.
Al llegar al aeropuerto, a la nueva terminal de salidas de iberia del JFK, de vuelta a la realidad. Volvía a casa. Pero sobraba tiempo y hubo ocasión de disfrutar de las tiendas del aeropuerto, donde compré unas cajas de bombones para mis padres, mi hermana y mis sobrinos, con imágenes de Nueva York. Yo me compré unas postales de acuarelas de paisajes de NY, que están ahora en la repisa de mi habitación. Y por último, una ultima comida con las compañeras que viajábamos juntas de vuelta. Una última comilona.
¡Ay! qué recuerdos me llevo. Qué vivencias. Nunca podré olvidar este viaje, esta experiencia.
Gracias a Bianca y su Sola en Nueva York.
Gracias a Sol Aguirre y sus Claves de Sol.
Y gracias a todas mis compañeras y ahora amigas: Leti, Ana, Natalia, Carmen, Isa, Marisa, Cristina, Bea, Angie, Franca, Izaskum y Alicia.
Gracias a todas, y gracias a la vida que me ha permitido vivir este momento, esta experiencia única.
Tengo que volver a Nueva York. Me quedaron muchas cosas por ver. Los museos por dentro. Coney Island, que me quedé con las ganas. Tantas cosas. Ojalá pueda hacerlo, y ojalá no sea muy tarde.
Mi próxima experiencia viajera me llevará a las Highlands (Escocia) en el mes de mayo con Alicia, Carmen, Bea y Franca. Qué alegría poder volver a viajar con ellas. Un nuevo diario de viaje saldrá de esa nueva aventura. Mientras tanto, os animo a leer y disfrutar tantas veces como deseéis de este diario. Y no os olvidéis de vivir el momento.
Cuando el avión despegaba ya era de noche. Miré por la ventanilla y eché un último vistazo a esa mágica ciudad que dejaba atrás. Los rascacielos estaban iluminados. La ciudad que nunca duerme. La gran manzana. Ahí se alejaba. Pero yo me llevaba un pedazo de ella, y en ella se quedaba un pedazo de mí.














¡Qué precioso diario de viaje! Y qué emotivo volver a recordar esta experiencia a través de tus palabras. Muchas gracias Cristil por
ResponderEliminartu esfuerzo y dedicación en escribirlo.
¡Nos vemos pronto por las Highlands! 💖